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El cannabis de ahora no es el de antes

La frase que más se repite en consulta con familias es «yo también fumé porros a su edad». Puede ser cierta y aun así no servir de argumento, porque el producto no es el mismo.

Los sistemas europeos de monitorización llevan décadas analizando muestras incautadas y la tendencia es constante: la concentración media de THC —el componente psicoactivo— ha aumentado de forma sostenida, con un salto especialmente pronunciado en las resinas. A la vez ha bajado la proporción de CBD, un componente que parece moderar algunos de sus efectos.

El resultado es un producto distinto: más THC y menos de lo que lo contrapesa. Comparar el consumo de hace treinta años con el actual es como comparar una cerveza con un destilado y llamar a las dos cosas «beber».

Sí existe síndrome de abstinencia

Durante años se sostuvo que el cannabis no generaba dependencia física. Hoy el síndrome de abstinencia está descrito y reconocido, y saberlo importa por un motivo muy práctico.

Los síntomas habituales son irritabilidad, ansiedad, insomnio con sueños muy vívidos o desagradables, pérdida de apetito, inquietud y malestar general. Tienen su pico en la primera semana y se resuelven de forma progresiva a lo largo de las siguientes.

Mucha gente intenta dejarlo, se encuentra fatal al tercer día, concluye que «no puede dormir sin fumar» y vuelve. Saber que ese malestar es esperable, tiene nombre y dura un tiempo acotado cambia por completo la probabilidad de superarlo.

Riesgos: lo que la evidencia sí sostiene

Psicosis

Conviene ser preciso, porque el terreno se presta tanto a la alarma como a la minimización. Está bien documentado que el consumo de cannabis se asocia a un aumento del riesgo de desarrollar un trastorno psicótico, que ese aumento es mayor con productos de alta potencia y consumo diario, y que puede precipitar el cuadro en personas con vulnerabilidad previa. Lo que no puede afirmarse es que cause psicosis en cualquiera: la mayoría de quienes consumen no la desarrollan. El problema es que no hay forma de saber de antemano quién está en el grupo vulnerable.

Edad de inicio

El cerebro sigue madurando hasta cerca de los veinticinco años, y las regiones que terminan de desarrollarse al final son las implicadas en la planificación y el control de impulsos. El consumo antes de los dieciocho se asocia de forma consistente con mayor probabilidad de dependencia, más impacto académico y mayor riesgo de cuadros psicóticos. Retrasar la edad de inicio es uno de los pocos factores sobre los que se puede actuar de verdad.

Memoria y rendimiento

El impacto sobre la memoria de trabajo y la atención durante las horas posteriores al consumo, y en consumidores diarios también fuera de ellas, se subestima porque no es dramático. En un adolescente que fuma a diario significa que puede estudiar el mismo tiempo que antes y retener bastante menos. Buena parte de ese deterioro revierte con la abstinencia sostenida.

Aparato respiratorio

Fumarlo, y más aún mezclado con tabaco como es habitual en España, añade tos crónica, bronquitis de repetición y el daño respiratorio asociado a la combustión.

El llamado síndrome amotivacional

Es un término popular y discutido, pero la observación clínica es real: consumidores crónicos que pierden interés por lo que antes les importaba, reducen su actividad y describen una especie de aplanamiento.

El debate está en la causa. Puede ser efecto directo del consumo, puede ser un cuadro depresivo que coexiste, o puede ser simplemente que el tiempo y el dinero se destinan al consumo y no a otra cosa. Probablemente intervienen los tres factores en proporciones distintas según el caso.

Lo relevante para quien está dentro es que esa apatía tiende a levantarse con la abstinencia y que, si no lo hace en unas semanas, hay que buscar debajo un cuadro depresivo y tratarlo.

Señales de consumo problemático

  • Fumar a diario, y especialmente desde primera hora del día
  • Necesitarlo para dormir o para calmar la ansiedad
  • Haber intentado reducir o dejarlo sin conseguirlo
  • Irritabilidad, insomnio o inquietud cuando no se consume
  • Abandono de aficiones o actividades que antes importaban
  • Caída del rendimiento académico o laboral
  • Aislamiento progresivo o cambio del grupo de amigos
  • Discusiones familiares recurrentes por el consumo
  • Gasto creciente o problemas de dinero por su causa
  • Consumir a solas en vez de en contextos sociales

En qué consiste el tratamiento

En la mayoría de los casos el tratamiento del cannabis es ambulatorio y no requiere ingreso. Se estructura en tres frentes.

Manejo de la retirada

Fijar una fecha, contar con que la primera semana será la peor y preparar de antemano qué hacer con el insomnio y la irritabilidad. Retirar los objetos asociados —no solo la sustancia— porque el ritual sostiene la conducta tanto como el efecto. Y ocupar de forma deliberada las franjas horarias en las que se consumía.

Terapia

Es donde se resuelve el fondo del asunto: para qué servía el consumo. Dormir, apagar la ansiedad, evitar un malestar, encajar en un grupo. Mientras esa función no se cubra de otra forma, el consumo tiene motivos para volver. Se trabaja con abordajes cognitivo-conductuales, entrevista motivacional y prevención de recaídas.

Trabajo con la familia

En cannabis es especialmente importante porque el perfil de consumo suele ser joven y convivir con los padres. La orientación a familiares cambia la dinámica de control y discusión que a menudo mantiene el problema en su sitio.

Si hay síntomas psicóticos —ideas de que otros hablan de uno o le vigilan, oír voces, desconfianza intensa, discurso desorganizado—, la prioridad no es solo suspender el consumo: hace falta valoración urgente. Acude a un servicio de urgencias o llama al 112.

Dónde tratarse

La red pública atiende el consumo de cannabis en los centros de atención a las drogodependencias de cada comunidad autónoma, de forma gratuita; muchas comunidades tienen además programas específicos para menores y jóvenes. Consulta el directorio de recursos públicos o cómo se accede en tratamiento por la Seguridad Social.

En la vía privada la espera es corta y hay opciones de terapia ambulatoria y online que encajan bien con estudios o trabajo.

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Qué hacemos exactamente

No somos un centro de tratamiento y no cobramos nada por atenderte. Somos un equipo de profesionales en adicciones que hace tres cosas.

  1. Estudiamos tu caso, gratis Nos cuentas qué pasa, en una llamada y con total confidencialidad. Un profesional valora la situación y resuelve tus dudas, sin compromiso.
  2. Te ponemos en contacto con el centro adecuado Trabajamos con una red de centros y clínicas privadas seleccionadas: las que hemos comprobado que tienen equipo propio, programa completo y seguimiento al alta. Apostamos por la calidad, no por la cantidad.
  3. Te acompañamos durante el proceso No desaparecemos tras la derivación. Seguimos disponibles mientras dure el tratamiento, también para la familia.

Mantenemos también el directorio de recursos públicos de toda España porque creemos que debes tener el mapa completo antes de decidir. Si tu caso encaja mejor ahí, te lo diremos.

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Preguntas frecuentes

¿El cannabis engancha de verdad?

Sí. La dependencia del cannabis está reconocida en las clasificaciones diagnósticas internacionales y tiene un síndrome de abstinencia descrito, con irritabilidad, insomnio, ansiedad y pérdida de apetito. No es una dependencia idéntica a la del alcohol o los opiáceos, pero es una dependencia.

¿Cuánto dura el mono al dejar de fumar porros?

Los síntomas suelen empezar en el primer o segundo día, alcanzan su punto máximo durante la primera semana y remiten de forma progresiva a lo largo de las dos o tres siguientes. El insomnio y los sueños vívidos son lo que más tarda en normalizarse.

¿Si es medicinal, no será tan malo?

Son conversaciones distintas. Existen usos terapéuticos regulados de determinados cannabinoides, con indicación médica, dosis controlada y composición conocida. Eso no tiene relación con consumir resina o marihuana de potencia desconocida por vía inhalada, igual que el uso médico del etanol no dice nada sobre beber.

¿Se recupera la memoria al dejarlo?

En buena medida sí. Los estudios describen mejoras apreciables en atención y memoria a partir de las primeras semanas de abstinencia, con normalización progresiva a lo largo de los meses siguientes. La recuperación no es inmediata, pero el deterioro asociado al consumo activo no es permanente.

Mi hijo adolescente fuma y dice que controla. ¿Qué hago?

Evita convertir cada conversación en un enfrentamiento, porque refuerza el consumo como territorio propio. Céntrate en lo observable —horarios, rendimiento, dinero, cambios de humor— en vez de en la sustancia, y busca orientación profesional pronto: en menores la intervención temprana funciona mucho mejor que la insistencia.

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