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¿En qué consiste el alcoholismo?

El alcoholismo no se define por la cantidad que se bebe ni por el tipo de bebida, sino por la relación que la persona mantiene con el alcohol: la dificultad para parar una vez que se empieza, la necesidad de aumentar la dosis para notar el mismo efecto y la aparición de malestar físico cuando pasan horas sin beber.

Es una adicción especialmente difícil de identificar desde dentro por un motivo cultural: el alcohol está presente en casi todas las celebraciones, comidas y encuentros sociales. Beber es lo normal, así que quien bebe de más siempre encuentra a alguien con quien compararse favorablemente.

El indicador más útil no es cuánto se bebe, sino qué pasa cuando se intenta no beber. Si aparecen ansiedad, irritabilidad o pensamientos recurrentes sobre la próxima copa, hay dependencia.

Por qué dejarlo de golpe puede ser peligroso

Esta es la información más importante de esta página y la que menos se conoce. El alcohol es, junto con las benzodiacepinas, una de las pocas sustancias cuya retirada brusca puede poner en riesgo la vida.

En una persona con dependencia física establecida, suspender el consumo de forma abrupta puede desencadenar un síndrome de abstinencia grave, con temblor intenso, sudoración, taquicardia, subida de tensión, alucinaciones y, en los casos más serios, convulsiones o un cuadro de confusión aguda conocido como delirium tremens.

Por eso la decisión de dejar de beber, cuando el consumo es diario y sostenido, debe consultarse con un médico antes de tomarla. No es una cuestión de fuerza de voluntad: es una cuestión clínica que se resuelve con una pauta de medicación decreciente y seguimiento durante los primeros días.

Si tú o un familiar bebéis a diario y estáis pensando en parar, llámanos o acudid al médico de cabecera antes de hacerlo. Es una conversación de diez minutos que evita un ingreso en urgencias.

Qué le hace el alcohol al organismo

El daño del consumo prolongado es sistémico y avanza en silencio durante años antes de dar síntomas.

Cerebro

Altera el estado de ánimo, la memoria y la coordinación. El consumo crónico se asocia a deterioro cognitivo y, por el déficit de vitamina B1 que provoca, a cuadros neurológicos específicos que pueden dejar secuelas permanentes.

Hígado

Es el órgano que más carga soporta. La progresión habitual va de hígado graso —reversible— a hepatitis alcohólica y, si el consumo continúa, a fibrosis y cirrosis, que ya no lo es. Buena parte del recorrido no da síntomas.

Corazón y tensión

El consumo sostenido eleva la presión arterial y se asocia a arritmias y a debilitamiento del músculo cardiaco.

Páncreas y digestivo

Puede provocar pancreatitis, un cuadro doloroso y potencialmente grave, además de gastritis y problemas de absorción de nutrientes.

Riesgo oncológico

El alcohol está clasificado como cancerígeno para el ser humano y su consumo se asocia a varios tipos de tumor, entre ellos los de boca, faringe, esófago, hígado, colon y mama. No hay una cantidad de la que pueda afirmarse que carece de riesgo.

¿Por qué se llega a la dependencia?

No hay una causa única, sino una combinación de factores que se refuerzan entre sí:

  • Predisposición biológica. La forma en que cada organismo metaboliza el alcohol y responde a él tiene un componente hereditario documentado.
  • Función que cumple el consumo. Muchas personas beben para dormir, para calmar la ansiedad, para soportar un trabajo o para poder relacionarse. Mientras esa función no se cubra de otra manera, el consumo tiene un motivo para seguir.
  • Entorno. Un contexto en el que beber a diario es normal retrasa mucho el momento en que se pide ayuda.
  • Otros trastornos. La depresión, la ansiedad y el trauma no resuelto aparecen con frecuencia debajo de una dependencia del alcohol, y tratar solo el consumo sin abordarlos suele terminar en recaída.

Señales de que el consumo ya es un problema

  • Beber más cantidad o durante más tiempo del que se pretendía
  • Haber intentado reducir o dejarlo sin conseguirlo
  • Necesitar cada vez más cantidad para notar el mismo efecto
  • Malestar, temblor, sudoración o ansiedad cuando pasan horas sin beber
  • Beber por la mañana o para quitarse la resaca
  • Dedicar mucho tiempo a beber o a recuperarse de haber bebido
  • Abandonar actividades o aficiones que antes importaban
  • Seguir bebiendo pese a los problemas de salud, familiares o laborales que causa
  • Lagunas de memoria de lo ocurrido mientras se bebía
  • Ocultar la cantidad real o beber a escondidas

En qué consiste el tratamiento

El tratamiento del alcoholismo es multidisciplinar y se organiza en fases que se solapan. No es solo dejar de beber: es construir una vida en la que no beber sea sostenible.

1. Desintoxicación

Retirada del alcohol con cobertura médica para controlar el síndrome de abstinencia. Suele durar entre cinco y diez días y puede hacerse ingresado o de forma ambulatoria con seguimiento estrecho, según la gravedad de la dependencia y el apoyo con que cuente la persona. Puedes leer el detalle en la fase de desintoxicación.

2. Deshabituación

Es la parte larga y la que determina el resultado. Terapia individual para entender qué sostenía el consumo, terapia de grupo, prevención de recaídas y trabajo con la familia. Aquí es donde se aprende a manejar el deseo, los conflictos y los momentos de bajón sin recurrir al alcohol. Más detalle en la fase de deshabituación.

3. Medicación de apoyo

Existen fármacos aprobados para el tratamiento de la dependencia del alcohol: unos reducen el deseo de beber, otros producen una reacción desagradable si se consume. No sustituyen a la terapia, pero en muchos casos marcan la diferencia durante los primeros meses. La indicación es siempre médica.

4. Prevención de recaídas y seguimiento

La recaída no es el final del tratamiento ni una prueba de fracaso: es un acontecimiento frecuente en las enfermedades crónicas y forma parte del proceso. Lo importante es que exista un plan previsto para cuando ocurra y que se retome cuanto antes.

El seguimiento posterior, la incorporación a grupos de apoyo y el acompañamiento familiar son los factores que mejor predicen que el resultado se mantenga a largo plazo.

Dónde tratarse

Hay dos vías y no son excluyentes. La red pública atiende a través de los centros de atención a las drogodependencias de cada comunidad autónoma, es gratuita y se accede normalmente por derivación del médico de familia; puedes consultar cómo funciona en tratamiento por la Seguridad Social y buscar tu centro en el directorio de recursos públicos.

Los centros privados ofrecen tiempos de espera cortos y modalidades con ingreso; el coste varía mucho según el tipo de recurso y la duración, y lo tienes desglosado en precios del tratamiento.

Si no sabes cuál te corresponde ni por dónde empezar, esa es exactamente nuestra función: cuéntanos tu caso y te orientamos sin coste.

Preguntas frecuentes

¿Se puede dejar de beber de golpe en casa?

Si el consumo es diario y prolongado, no debe hacerse sin valoración médica: la retirada brusca del alcohol puede provocar convulsiones y delirium tremens, que son cuadros graves. Consulta antes con tu médico de cabecera o con un centro de adicciones; te pautarán una retirada segura.

¿Cuánto dura el tratamiento del alcoholismo?

La desintoxicación suele resolverse en una o dos semanas, pero es solo el principio. La deshabituación, que es la parte que evita la recaída, se mide en meses: los programas ambulatorios suelen plantearse entre seis meses y un año, y los residenciales entre uno y seis meses seguidos de seguimiento ambulatorio.

¿Es obligatorio ingresar en un centro?

No. Muchas personas se tratan de forma ambulatoria manteniendo su trabajo y su vida familiar. El ingreso se plantea cuando hay dependencia física importante, intentos previos fallidos, patología médica o psiquiátrica asociada, o un entorno que hace inviable la abstinencia.

¿Puede una persona alcohólica volver a beber con moderación?

En una dependencia establecida, el objetivo terapéutico habitual es la abstinencia, porque el consumo controlado tiende a derivar de nuevo en pérdida de control. En consumos de riesgo sin dependencia sí se plantean a veces objetivos de reducción. Es una decisión clínica que corresponde valorar al equipo que trate el caso.

¿Qué puedo hacer si es mi pareja o mi hijo quien bebe y no quiere tratarse?

Es la situación más frecuente. Hay mucho margen de actuación antes de que la persona acepte tratarse: dejar de encubrir las consecuencias, no discutir durante la intoxicación, y buscar asesoramiento familiar. Puedes empezar por la guía de ayuda a familiares o por una intervención familiar guiada por un profesional.

¿El tratamiento es confidencial?

Sí. Tanto en la red pública como en la privada la información clínica está protegida por el secreto profesional y por la normativa de protección de datos. Nadie del entorno laboral o familiar es informado sin consentimiento de la persona.

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